“SOBRE LOS PAISAJES DE NICOLÁS POUSSIN”
POR WILLIAM HAZLITT (1822)*
Orion aveugle cherchant le soleil, Metropolitan Museum of Art, New York.
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Y Orión, ciego, ávido de luz del día
[Se] Respira el aire de la mañana, su humedad, su reposo, su oscuridad, a la espera del milagro de la luz para ser convertida en sonrisas; la totalidad del cuadro, como su figura principal, es “un anuncio del amanecer”. Una atmósfera semejante reviste cada uno de los objetos, una luz igualmente tenue “esconde como tras las sombras” el rostro de la naturaleza: un sentimiento de vastedad, de extrañeza y de formas primarias domina la obra del artista y nos envía a la primera integridad de las cosas. Se podría decir de este gran hombre, poseedor de incontables conocimientos, que ve la naturaleza a través de la lente del tiempo; Poussin es el único en poder gozar del privilegio de ser considerado un pintor de la Antigüedad Clásica. Sir Joshua hizo justicia al respecto. Poussin otorga a las escenas de sus fábulas heroicas la apariencia incomparable que presenta la naturaleza original, ya sea desbordante, sólida, extensa, onerosa, repleta de vida y poder, o engalanada con la pompa del arte, templos y torres, así como bosques mitológicos. Sus cuadros “denotan una conclusión ulterior”. Poussin utiliza la naturaleza según sus propósitos, crea las imágenes siguiendo el dictado de sus pensamientos, encarna en ella ficciones sobre asuntos elevados y, gracias al infalible proceso que lleva a cabo la imaginación laboriosa, la concepción originaria de la obra, una vez representada, produce y, al mismo tiempo, asimila el resto del cuadro. Como su Orión, Poussin parece no atender a la escena secundaria y “tomar las islas como cosas muy pequeñas al tiempo que establece el equilibrio sobre la tierra”. Con un arduo y poderoso esfuerzo, coloca la naturaleza en el molde de lo ideal y lo antiguo; ha sido entre los pintores (más que cualquier otro artista) lo que Milton fue entre los poetas. […] Ambos ensalzan los temas que eligen, agregándoles fuerza y realidad; de modo que no sólo llegan a satisfacer sino que superan las expectativas del observador y el lector. Lo hacen en función del triunfo de la perfección de las obras artísticas. Que se nos ofrezca la naturaleza tal como la vemos está bien y merece nuestros elogios, pero que se nos ofrezca la naturaleza tal como nunca la hemos visto y, con frecuencia, deseamos verla, es aún mejor y suscita mayores elogios. Aquél que es capaz de revelar el mundo al desnudo en su primera gloria, recubierto con los matices de la imaginación, o en su elevado estado de prosperidad, con el grave sello de la historia sobre los soberbios monumentos de imperios ya desaparecidos; aquél que a través de su “muy poderoso arte” puede evocar el tiempo pasado, transportarnos a lugares distantes y reunir los territorios de la imaginación (lo cual es una nueva conquista) con los territorios de la realidad; aquél que hace visible no sólo lo que la Naturaleza es sino también, lo que ha sido y es capaz de ser; aquél que hace todo lo dicho hasta aquí, y lo hace con simplicidad, honestidad y grandeza, ¡es amo de la naturaleza y de sus poderes; posee una mente universal y domina el arte!
[…] El pintor de historia no ignora o contradice la Naturaleza sino que la sigue muy de cerca en sus fantásticas elevaciones así como en sus recesos a escondidas. Revela lo que ella podría ser en ciertas circunstancias y bajo condiciones específicas. “Otorga un lugar físico a la nada aérea”, no “un nombre”. Bajo el efecto de toque de la mano de este artista, las palabras se convierten en imágenes, los pensamientos se convierten en cosas. Entreteje un sueño, un fantasma, con forma y color, más todos los atributos de la realidad. Su arte es del orden de una segunda naturaleza, más que de una naturaleza diferente. [Algunos artistas] Representan rostros que parecen no haber experimentado jamás pensamiento o sentimiento alguno, y pretenden hacernos creer que estamos viendo la expresión verdadera de lo sublime, tal como la expresan los héroes y los semidioses de la antigüedad, cuando un rapto de emoción o agonía alcanza su punto máximo. Tales artistas representan paisajes donde el sol parece nunca haber brillado y afirman que de ese modo se veía la tierra con anterioridad a la modernidad, cuando Titán la besara con sus rayos. Pero, éste no es el ideal verdadero. No colma la imaginación sino que la debilita e injuria; no supera sino que se subordina a las pobres concepciones del público. Cuadros semejantes no deberían estar colgados en la misma sala que Orión.
Poussin fue el más poético de todos los pintores. Fue un pintor de ideas. Nunca nadie antes había contado tan bien una historia ni nadie tenía conocimiento sobre todo lo que un lápiz es capaz de narrar. Atrapa y sacude con gracia y precisión el punto de vista que concierne a la imaginación de un lector.
[…] En Poussin, […] cada objeto tiene asignada su parte y su lugar, y conforma un todo compacto con el resto del cuadro. Es este cuidado consciente, como si se tratara de un diseño interno, lo que otorga una cualidad peculiar a la obra de este artista.
Sus cuadros están conformados por una serie de imágenes escogidas, una corriente de pensamientos agradables que pasan a través de la mente.
Selección y traducción: A. L. G.
*Versión completa del texto en inglés “On Landscape of Nicolas Poussin”:
http://www.blupete.com/Literature/Essays/Hazlitt/TableTalk/Poussin.htm
Autorretrato de Nicolas Poussin, Museo del Louvre, París.
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> “Poussin y la naturaleza: las visiones de Arcadia”
Exposición en el Metropolitan Museum of Art, New York (del 12 de febrero al 11 de mayo de 2008)
http://www.metmuseum.org/special/se_event.asp?OccurrenceId={2E8D0192-D6B3-4475-83B2-B2AF77FD47A0}
CORRESPONDENCIA DE NICOLAS POUSSIN (en francés):
> Collection de Lettres de Nicolas Poussin, Paris: Firmin Didot, 1824.
http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k106522t